quemar_recuerdos

Ritual – Cuento

Se mudó después de una década a su nuevo departamento, y con este acto, decidió comenzar una nueva vida. Aprovechó de hacer una limpieza profunda de todas esas cosas que lo ataban a un pasado que por más que quisiera “pasado era”, e hiciera lo que hiciera, nada podría recuperarlo.

Cajón a cajón, caja a caja, encontraba mucho más de una década de recuerdos, pistas y huellas que lo conducían a caminos sinuosos que lo transportaban a un momento preciso, a un instante, a un lugar al que no podría regresar, memorias materializadas en un pedazo de papel, en un libro, en un adorno… en un recuerdo.

Y aquí estaba, sentado al borde de una cama sintiéndose Hansel (del cuento Hansel y Gretel) mirando las migas de pan que esparció en el camino que lo llevaría de regreso a esos momentos, a esos puntos de quiebre que lo habían traído a esta realidad, a este único presente. Recordó los textos que decían “tu eres responsable de tu realidad” de cuantas formas y veces había escuchando “tú eres el presente que construiste en el pasado”. Y ahí estaba, observando esas migajas de recuerdos, fragmentos de pasados, algunos buenos, algunos malos.

Y es que todos tenemos algo que olvidar, el problema es que no queremos hacerlo, es mas sencillo conservar esas pruebas para justificar quienes somos, sin caer en cuenta que el valor real que tiene es nulo, pues estamos construyendo un futuro a cada instante, y estos recuerdos, muchos veces son anclas que no nos dejan avanzar.

Y aquí estaba, sin saber que hacer con algunas cosas, sin poder decidir entre conservarlas o dejarlas ir, ¿Por qué era tan difícil simplemente deshacerse de ellas? Era una respuesta imposible de conseguir, quizá tan etérea como ¿para qué las conservo?, pues cada una de las postulaciones era una creación actual que justificaba el acto, que acumulaba más y más recuerdos y migajas inútiles, que en el fondo, sabiéndolo y no aceptándolo, le impedían moverse a un futuro mejor.

Recordó la historia que le contó un amigo sobre los vikingos, aquellos rudos y desalmados combatientes de pueblos germánicos conocidos por sus incursiones violentas en la vieja Europa, que más allá de ser unos guerreros eran también humanos presos en emociones, que cada vez que necesitaban despojarse de una emoción que interfiriera con sus objetivos, hacían un ritual vikingo. Este ritual lo aplicaban cuando por ejemplo perdían a sus mujeres, o sus hijos, consistía en juntar cada una de las pertenencias de ellos, cada pequeña cosa que fuera una conexión entre el vikingo y este ser, la llevaban a un lugar desolado y se sentaban frente a una fogata provistos de algún licor, su soledad y una pila de recuerdos. Lo que hacían luego era, en un acto solemne, ver cada uno de los objetos que había recolectado, recordar mientras lo veían, el momento que este objeto generó el recuerdo y lo aventaban al fuego y mientras veían como se quemaba, se liberaban de ese peso emocional. Así, uno a uno de los recuerdos se volvía cenizas y con el humo se esfumaba el recuerdo física y mentalmente del vikingo, los relatos hablan de largas horas de llantos amargos, de sufrimiento, de risas y de mucho fuego para despojarse de esas ataduras que lo volvían frágil a tan poderoso vikingo.

El ritual podía durar horas, la borrachera un día entero, pero al despertar, estaba como nuevo, listo para seguir adelante, con las emociones limpias y el alma libre de ese peso.

Y aquí estaba él, decidido a hacer su propio ritual vikingo, solo en casa, junto a él una botella de vino y alrededor un montón de cajas cargadas de papeles, fotos, textos, y demás objetos cargados de un pasado que ya no estaba. Y así empezó, en la soledad de una tarde de primavera, con los tímidos rayos de sol desvaneciéndose por su ventana una a una, esas fotos revivieron en su mente aquel preciado momento, empezó a reír con algunas, a sentirse melancólico por otras, a llorar por algunas otras mientras las rompía y las veía caer lentamente en minúsculos pedazos en una bolsa negra que al día siguiente se las llevaría sabe Dios donde.

Por sus manos no solo pasaron fotos, pasaron libros, notas, poemas, cartas, dibujos, papeles, peluches, tarjetas, cajitas, llaves, botellas y tantas otras cosas más. Por su mente pasaron quizá treinta cosas más por recuerdo, escenas alegres, gloriosas, como tristes, y se mezclaban esas risas entre lágrimas, algunos sollozos entre suspiros y una sensación casi casi real de que todo aquello estaba sucediendo nuevamente en su realidad.

Dio las dos de la mañana y allí estaba él, esperando en la puerta de casa junto a dos bolsas inmensas de recuerdos triturados al camión de la basura que pasó puntual por la puerta de casa, y tras su enorme estructura metálica dos personas que cargaban las bolsas de las puertas de cada casa, al llegar a la suya, lo miraron con indiferencia, cada hombre tomo una bolsa, y sin decir ni una sola palabra la lanzaron al ruidoso camión que de tiempo en tiempo accionaba su mecanismo para ir aplastando los desperdicios. Y se quedó allí, viendo como el camión se alejaba mezclando sus recuerdos con la basura de otro y no se movió hasta que el camión desapareció al doblar la esquina, y con el las ataduras de un mundo que ya no está, agradecido por lo que significó en su momento,  porque uno es la suma de todos aquellos que tocan tu vida en determinado momento y te hacen ahora libre para construir un nuevo mañana.

 

  7Comments

  1. Miguel Vásquez   •  

    Funeral Vikingo!!!! Lo máximo!! Bonita historia, me ha gustado, como para identificarse con ella, definitivamente. Bien retratados los sentimientos de quien ha pasado por situación similar. Bonita historia. Un abrazo Claudio!!!

  2. Josefina Zegarra   •  

    Excelente relato. Apegado a mi en este momento.

    Entonces que hacemos?. Desprendernos… ES TODO.

  3. Sylvia   •  

    Excelente relato Clau, directo, sencillo, me generó emocion, identificacion con el desapego, ley del perdon… me gustó!

  4. Carolina   •  

    Las personas pasamos un 90% de nuestro tiempo pensando en el pasado…. Yo digo que desperdicio el 90% de mis pensamientos productivos ya que no hay espacio para ellos. Cuando aprendí esto, algo cambio.

    Me encanta tu cuento!!!!

  5. Gretha   •  

    Muy bonito cuento Claudio. La idea del funeral Vikingo me parece genial. Y creo que al igual que el personaje del cuento es hora de hacer uno o más de uno. Justo leo tu cuento cuando estoy a punto de mudarme y empezar en una nueva ciudad y con la idea de dejar en esta todos los recuerdos algunos buenos otros no tanto. Pero como dices aferrarnos al pasado no no deja ir hacía un nuevo futuro. Felicitaciones por tan buen cuento.

    • Edwar   •  

      Hiciste tu ritual Vikingo realmente???? Mi madre y los que me conocen me dicen que soy “cachibachero”… tal vez no puedo hacer ese ritual…. tan bien descrito…

  6. laura   •  

    Me gusta…algo…
    Podrias mejorar esto, que es redundante:

    una sensación casi casi real de que todo aquello estaba sucediendo nuevamente en su realidad
    “una sensación casi casi real de que todo aquello estaba sucediendo nuevamente en su realidad”

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