arbol_manzana

Naturaleza – Cuento

Al despertar, la neblina descendió por la ciudad refrescando el ambiente, los ruidos de la ciudad eran tenues y mis ganas de seguir en cama increíbles. Me preparé un café y encendí el televisor mientras comía una manzana.

Estaba distraído, mis pensamientos dispersos y sin sentido mientras mi mano mecánicamente apretaba el botón del control remoto y pasaban los canales. De pronto por la ventana de la sala entró un pájaro y se posó sobre el televisor.

Inmediatamente capturó mi atención dejándome inmóvil ante su presencia, tenia una cabeza de color rojo intenso al igual que su pecho y su espalda, sus alas negras brillantes eran la combinación perfecta para esta ave, se quedó quieto mirando a la ventana y volteó su cabeza para clavar sus ojos en los míos; yo me apoyé con los brazos abiertos en el sillón en el mismo momento en que el abría las alas negras como preparándose para volar.

No podía dejar de verlo, era como si su mirada estuviera imantada a la mía, incliné la cabeza y, como si fuera un espejo, el ave hizo el mismo movimiento. Sentí como si se hubiera echo un túnel entre sus ojos y los míos dejando de existir todo lo que estaba alrededor, era como si sus movimientos se fusionaran con los míos. Una ola de pensamientos e imágenes pasaron por esta especie de túnel llenando mi cabeza de imágenes y ruidos que no eran míos, hice mi mejor esfuerzo hasta conseguir cerrar los ojos y agachar la cabeza, las imágenes y los ruidos se ordenaron y ya calmado volví abrir los ojos y me vi a mi mismo en el sillón sentado, mirándome.

Me convertí en el pájaro, moví mi cabeza y reconocí mi nuevo cuerpo, extendí las alas y me emocioné de ser un ave, vi por la ventana el espacio por donde había entrado, y sin siquiera terminar de pensarlo emprendí el vuelo.

El aire bajo mis alas me levantó suavemente por los aires permitiéndome la experiencia más exquisita de mi vida: volar. Sin esfuerzo planeaba sobre la ciudad, sobre los viejos techos del barrio donde vivía, las nubes las tenia más cerca que nunca y el espacio infinito del cielo limpio le da a uno la sensación de lo que es la verdadera libertad.

Había llegado a sobrevolar las afueras de la ciudad, el campo abierto de lo que queda de aquel bosque, era impresionante ver los árboles desde arriba, el paisaje en todos los tonos de verde del mundo y el olor a naturaleza es increíble. ¡Puedo volar! Grité, y sin darme cuenta, este grito dejó pasar un torrente de pensamientos, carencias y miedo a mi mente: ¿Cómo así? ¿Y si me caigo?¿Si pierdo fuerza?¿Realmente soy un pájaro?… y ante cada cuestionamiento un tambaleo me hacia perder altura, agitaba las alas como si fuera un humano dejando de ser lo que era realmente y antes siquiera de darme cuenta de nada ya estaba rodando por el pasto estrellándome en la parte baja de un árbol.

Una pareja de niños vieron mi aterrizaje y se acercaban corriendo hacia mi, el dolor que podía sentir fue reemplazado rápidamente por un miedo terrible, un miedo inocente, un miedo hasta sin sentido, me tiré sobre las raíces del árbol llorando, y cerré los ojos y deseando regresar a casa, o volverme invisible, o al menos ser como este árbol…

Al abrir los ojos, sentí un leve mareo, los cerré y volví a abrir varias veces, tenia una vista periférica, tenia una vista de trescientos sesenta grados sin siquiera moverme, y ahí me vi, ahí estaba el pájaro que yo solía ser entre las manos de una niña recibiendo cariño, pero yo era ahora el árbol, sereno, estable, robusto. Sentía en mi cuerpo la paciencia de la vida y la sabiduría de la naturaleza, sentía como si fuese uno con el mundo, como si raíces llegaban metros bajo tierra y tomaban de ella lo necesario para vivir, sentía mis ramas moverse por el viento, y las hojas como una cabellera larga que se ondea con el viento.

Yo era parte del mundo y en si mismo era un mundo, albergaba nidos, y daba frutos, era un manzano, que se sentía pleno y feliz. De pronto un dolor invadió mi ser, era aquel niño trepándose en mí con un cuchillo, parado sobre una de mis ramas saltaba y saltaba intentando arrancar una manzana. Con cada salto un dolor recorría mi cuerpo, los pájaros que en mi vivían volaron y sentí una corriente recorrerme por completo. Frustrado porque no podía moverme, no podía hablar, ni gritar, ni hacer nada.

Fue la niña que estaba con él, quien le gritaba, le pedía que dejara de hacer eso, y por fin logró convencerlo de que se bajara y me dejara en paz, mientras el niño se iba, ella corrió hacia mi y me abrazo, me hizo olvidar del dolor inmediatamente y en su lugar me dejo una sensación indescriptible… mi ser, mi cuerpo, mi hábitat se sintió en gozo.

De pronto, sentí que una manzana se desprendía de una de mis ramas, fue rapidísimo, pero ala vez fue como si sucediera en cámara lenta, el leve crujido de su tallo rompiéndose resonó en todo el árbol mientras aquella manzana caía al suelo. Me quedé aturdido, y aun no había ordenado mis pensamientos cuando nuevamente ese crujido de otro tallo rompiéndose en una de mis ramas anunciaba que una manzana caería. Mi primer pensamiento fue “¡nooooo!” y mi instinto fue tratar de evitarlo, fue como si mi espíritu, contenido en todo el árbol, se moviera entre la corteza dirigiéndose hacia la manzana llegando justo en el momento en que esta se desprendía, volviéndome un hilo de luz conectándome con la manzana y sujetándola en el aire.

“Manzana no te caigas” pensé, cerrando mis ojos, haciendo fuerza para sujetarnos, recién entendió mi ser que era inevitable, que era parte de la naturaleza, del ciclo y de la vida de la manzana, y que aquí no existían apegos. “quizás solo si fuera una manzana lo entendería” pensé mientras solté aquel fruto.

Abrí los ojos y allí estaba yo, era la manzana en el suelo y sobre mi, la perspectiva más hermosa que jamás he visto de un árbol, miraba como otras manzanas me saludaban y deseaban suerte en mi etapa de madurez, y yo, reconocí mi nuevo cuerpo, era un fruto con un corazón lleno de vida, sedoso y brillante. Pasó una mujer con una canasta y me levantó junto a otras manzanas y nos llevó a casa donde nos lavó y juntó para vendernos. El tempo se pasó volando, el agua nos purificó y relajó a tal punto que entramos en un éxtasis natural.

Es increíble la sabiduría que puede tener una manzana, conversamos entre nosotros horas de horas, de los minerales y vitaminas que conteníamos, de nuestra función en la vida, del centro o corazón que teníamos, de las semillas y su incomprendido cargamento de vida que lleva, esperando accionarse con una dosis pequeña de agua y una porción de tierra donde crecer.

Y ahí estaba yo, en la vitrina de un supermercado, saltando a una bolsa con tres manzanas despidiéndome de todas aquellas parlanchinas frutas, y sin noción del tiempo una mañana sentí las caricias amorosas de una mano humana, de su tacto disfrutando mi piel y supe en ese momento que hasta allí había llegado mi labor, que bocado a bocado le daría mi vida para darle vida, le transmitiría esa sabiduría a sus células sin siquiera él estuviera consciente de eso.

Sentí sus mordiscos y todo se tornó oscuro, y yo sentía una increíble paz, cerré los ojos y deje libre a mi espíritu para que se integre a donde pertenece. Me sentí realizado, en gozo, recordando mis increíbles experiencias y aprendizajes, y con una gran sonrisa en mi ser abrí los ojos y ahí estaba yo, mirando un pájaro rojo y negro sobre el televisor y en mi mano una manzana.

  12Comments

  1. Miguel Vásquez   •  

    Muy buen trabajo Claudio, muy Kafkiano y con mucho contenido y mensaje. Muy bien escrito, me parece que es de lo mejor que has escrito hasta ahora. Se nota un progreso enorme desde los primeros cuentos del 2010. Este en particular me ha atrapado en todo sentido. Felicitaciones y sigue adelante!!!

  2. Sylvia   •  

    Wow, es un cuento del alma, bello, natural, suave, con sentido de transformación. Me gustó!

  3. Sara Orantes   •  

    Muy lindo cuento Claudio, te felicito por tu trabajo, sigue asi amigo!

  4. Edwar   •  

    Alucinante!!!… realmente me atrapó!!! es un ciclo vital Claudio… ahora se porque te sientes lechuga a veces… jajaja. Bromas aparte… es muy bueno tu cuento, pero debo decirte que sentí miedo al saberte convertido en manzana, pues estaba seguro que te comerían… por eso el final se tornó más interesante!!! pues pudo ser otro y no tu quien probaba ese bocado… Felicitaciones!!!!

  5. Josefina   •  

    Me engancho el relato y me vi en cada escena descrita. Alucinante el transcurrir de la mente entre uno y otro ser… las emociones de cada uno y lo resuelto.
    Finalmente termina con su propósito y en buenas manos.
    Hermoso realmente.

  6. ethel   •  

    Que lindo cuento… Te atrapa te ensenia… Te hace soniar… Te hace respirar…

  7. Bruno   •  

    Me encantó! me tranportó…me relajo, gracias por el viaje

    • Claudio Morgan   •     Author

      gracias Bruno, por la visita al Blog, un abrazo!

  8. Roberto   •  

    Felicitaciones Claudio. Implecable. El mejor de los que he leído. Un abrazo.

  9. Karla Rondón   •  

    Hola Claudio, no sé si eres el Claudio que yo conozco, pero está precioso el cuento, me hizo volar en una burbuja por un momento. Felicitaciones!! KR

  10. laura   •  

    Hmmmm…Demasiado

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