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Nada – Cuento

–        Yo te voy a decir cuánto vales – dijo Eduardo mientras se acomodaba lentamente en su asiento, se apoyó en el escritorio, lo miró fijamente mientras se inclinaba ligeramente hacia delante y calmadamente le dijo: “nada… no vales NA-DA”

Aquel día, él dejo de ser dueño de sí mismo, paso a ser parte de una pretenciosa colección privada de Eduardo, era una especie de trofeo, él era, es y será de su posesión hasta el día en que muera, porque si algo vale hoy en día es gracias a Eduardo.

–        Haz la prueba – continuó Eduardo – sal y párate media hora en el parque más concurrido de Miraflores un sábado a las seis de la tarde y verás que eres invisible, que nadie siquiera volteará a verte, pues no eres nadie, no existes para la sociedad, eres uno más, patéticamente común, y si acaso una chica voltea a verte sería de esas que no son para nada el tipo de mujer que tú quieres ¿o me equivoco? Para todos los demás no existes. De hecho, si alguien desperdiciara una bala en ti sería para demostrar que tirado en medio de toda esa multitud les serias indiferente, que alguien diría “pobrecito” pero realmente ¿a quién le importaría?, de hecho, ¿te importaría a ti…?

Luego de una calculada pausa silenciosa prosiguió:

–        No es tan trágico muchacho, reacciona, acéptalo, eres un N N – volvió a la carga Eduardo mientras él se ruborizaba quizá de la pena, vergüenza o cólera en esos inquietantes, interminables, sufridos segundos de silencio – ¿me vas a decir que nadie te lo había dicho antes? ¡Ay por favor! ¿Ninguna mujer ha tenido los huevos de decirte en tu cara que no le has ganado a nadie? ¿Quieres realmente ser alguien? ¿Que cuando camines por la calle la gente voltee y te reconozca? ¿Que alguien lea las estupideces que escribes? ¿Que el tipo de mujer que deseas no sea lejana a ti? ¿Que puedas cambiar esa buena mierda de automóvil que tienes? ¿Que te puedas comprar todos estos juguetes que te hacen “interesante”?

Dijo esto último levantándose mientras abría los brazos elegantemente como si estuviera abarcando todo a su alrededor sin dejar siquiera de verlo a los ojos un segundo:

–        Entiende esto – continuó – gente como yo es la que hace posibles que gente como tú obtenga cosas, logre cosas, haga cosas o simplemente sea alguien… Y podrías ser tú, o él o aquel, así que no te hagas el cojudo, que de especial no tienes nada… espera, sí, algo de especial tienes: estas gastando más de cinco minutos de mi día dándote el sermón para que entiendas que no existes.

Ahora se veía molesto, vio el reloj para confirmar que ya estaba demasiado tiempo con este tipo, puso ambas manos sobre el cristal de su escritorio haciendo sonar los gemelos de oro que sujetaban los puños de seda finamente bordados en su elegante camisa, lo miró nuevamente y le dijo:

–        Así que tienes dos opciones, te quedas o te paras de una puta vez y desapareces de mi vista… no me mires así huevón, opción uno o la opción dos.

Han pasado bastantes meses ya desde que él se encontró con Eduardo por primera vez y ahora la gente lo felicita, cree que él logro todo lo que tiene por esfuerzo propio, que saltó del anonimato a una merecida fama. Alguna vez en una entrevista él mismo se sintió bien al confesar que había nacido con “estrella”, que fue un camino arduo y difícil para llegar donde está hoy y eso lo tenía contento. El cerebro humano es muy poderoso, el subconsciente oculta rastros y evita pensamientos para tener a cada uno de nosotros funcionando en tareas básicas y sociales, solo cuando recibe un mensaje de Eduardo, o en la soledad de su habitación en un hotel lujoso a miles y miles de kilómetros de casa se acuerda de ese día y vuelve a ser, pese a que hoy lo tiene todo, lo que quizá nunca dejo de ser: NADA

 

 

 

  4Comments

  1. Miguel Angel Vásquez Rodríguez   •  

    Interesante concepto. Me gustó mucho. Sin importar la buena o mala onda de esos discursos como el del protagonista, a veces son un catalizador para tomar la decisión de quedarte a un lado del camino o seguir adelante con todas las ganas. Un abrazo primo!!!

  2. Gretha   •  

    Vaya Claudio, qué fuerte lo que le dijo Eduardo! Muy buen cuento, aún cuando no me gustaría que alguien me dijera algo tan fuerte me dejo pensando. Felicitaciones por tan buen cuento.

    • Claudio Morgan   •     Author

      gracias Gretha! a veces nos dicen lo mismo con otras palabras, y no sabemos en realidad que somos… gracias por tus coments

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