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La Puta – 5ta parte

“La miré sin comprender, aunque como un nadador solitario y exhausto la verdad poco a poco se fue abriendo paso en el mar negro de mi ignorancia”. – Roberto Bolaño

 

¿Qué es el sexo sino? me preguntó una tarde de verano aun desnudos sobre la cama, y yo, ya no sabía que contestarle, ella por otro lado, tenia bien claro que era la más sublime capacidad de expresión, de transmitir con el cuerpo, todo el cuerpo, lo que a veces no puede la voz ni la razón.

Conocí a Cristal una noche cuando sin anunciarse en la recepción del hotel se presentó en mi habitación, tocó la puerta y con una voz muy sensual decía “room service, room service”, y al abrir la puerta la vi apoyada en el marco, ese instante fue realmente intenso, su sonrisa y su mirada sensual fueron fulminantes, en sus ojos brillaba el deseo y su cuerpo respondía en armonía ante una silenciosa danza de erotismo capaz de impregnarse en el recuerdo de cualquiera…

Se adueñó del momento y del lugar, se sirvió una copa de vino blanco, cambio a su gusto la música mientras se quitó los zapatos y se sentó cruzando las piernas en el centro de la cama, llamándome en silencio.

Cristal no tomaba el mando del directorio a menudo, pero cuando lo hacía evidenciaba que era de las personas que disfrutan de cada cosa, y lo hacen de forma consciente, trascendiendo con una fuerza fuera de lo común, se le notaba en sus gestos pero sobre todo en su sexualidad. Vivía en un mundo propio, pero a su vez con la capacidad de interactuar con su entorno, pero que sabía perfectamente como generar uno único e invitarme a convivir ahí, no era un espacio literalmente hablando, sino más bien creado de ideas y acciones… ¡Que complejo explicar la importancia de una sexualidad sin inhibiciones!

- Yo tengo bien claro cuál es mi papel – me dijo acostada en mi pecho, jugando con uno de sus dedos haciendo círculos alrededor de mi ombligo – como tú dices “las estadísticas no mienten.”
– ¿Así? – le dije en complicidad, siguiendo su travesura – ¿Cuál de todas las estadísticas que te he dado te refieres?
– Los factores que hacen perdurable una relación…
– Si, no podemos ir contra los números…
– ¿Qué hace una relación perdurable? – me preguntó coqueta, dándome un beso en el pecho y acomodándose para mirarme.
– Según dicen, no solo importa que te guste alguien, ni sus valores ni sus talentos, eso y otras cosas más no llegan a un 50%, pero si algo supera el 50% restante es el sexo.

Ella intuía y entendía eso, una mujer no solo tiene que ser tu amiga, tu esposa ni tu compañera, debe también ser tu amante, tu puta, me susurró una noche en el oído, mientras me anunciaba que era mi mujer y me arrastraba junto a ella a su fuente inagotable de deseo y placer. Entregada y deseosa de aprender hasta el extremo que en ocasiones no veía si algo es seguro hasta que perdía el control, aprendió a llevarnos un nivel de éxtasis inimaginable, su necesidad de sentir lo que nunca ha sentido la han llevado a experimentar ese placer acumulado en su ser desde hace millones de años, desde lo primario de sus células, desde ese instinto de procreación y mezcla de placer que la atraviesa por completo hasta el borde del desmayo.

Sabia caminar como diciendo: sí, mírame, soy real, con una increíble seguridad en sí misma, que denotaba una inteligencia básica en lo sexy. Tenía claro que el olor era un factor determinante, como si tuviera un plan malévolo dejaba en mi ropa su aroma, para que me llevara un detonador de recuerdos. Además de saber cómo vestirse y jugar con sus delicadas prendas, sabía cómo explotar y erotizar su cuerpo a través de su ropa interior.

Me encantaba esa mujer, me volvía loco, no solo era sexy, tenía un don especial, éramos química pura, solo sentirla cerca era como si pusiera en on una máquina que no sabía que tenía dentro, me seducía, y yo, la deseaba como nunca antes había deseado a una mujer, me apetecía, me desesperaba, tenía ganas de perseguirla y a la menor señal hacerla mía, de volverla a oír y entregarme a la melodía de sus orgasmos.

Se movía por instinto, no sabía nada y a su vez sabía todo, no ponía resistencia a probar, y no escatimaba en entregarse. Yo pensaba que el hombre camina libre por el mundo sin miedo, marcando su territorio por cada esquina, ella me enseñó, desde la primera noche, que también sabia como marcar su territorio y sin que me diera cuenta me fui entregando a su enciclopedia de anatomía, deseoso de aprender capítulo a capítulo cada una de las palabras que la componían, sin saber siquiera donde me podría llevar eso a mí o comprender los innumerablesy bizarros sentimientos que desató , irónicamente, rompiéndonos como un cristal.

 

 

  1 Comment

  1. Miguel Angel Vásquez Rodríguez   •  

    Muy muy interesante… hay parrafos de exquisita calidad.. en conjunto muy bueno, aunque en algunos otros párrafos creo que falta un poquito de ritmo, es cuestión de comas, puntos y comas y puntos. Pero la idea, la descripción y el concepto de primera, me ha gustado mucho, hay partes en las que facilmente el lector se puede identificar, con cualquiera de los dos personajes. felicitaciones Clau!! Bonito cuento.

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