sentado con mi mar

Eres como una Ola – Cuento

Si, extraño el verano, probablemente creas que es porque ya hace frió y el sol brilla por su ausencia. Pero no, extraño el verano por la playa, y esto que a mi no me gusta la playa, el viaje largo y caluroso hasta ella no son más que el principio de una tortura pegajosa y acalorada que se incrementa en la media hora de búsqueda de un lugar solitario y limpio, (digo limpio con mucha ironía) y si es que se encuentra, instalarse y empezar a lidiar con todo tipo de ambulante que grita su mercadería cada 10 minutos (o quizás menos) y para cuando uno se recuesta al fin a descansar llega una familia innumerable justo alado tuyo cargada de música, bebes, chismes, comida, etc. Aunque mi fastidio mayor es la inclemencia del sol, tengo que estar untándome todo tipo de cremas para soportar los rayos ultra violeta incluso bajo sombrilla, tengo que repetir el proceso si decido bañarme, cosa que hago muy poco pues el agua es muy fría y no puedo ir hasta donde quisiera pues no se nadar.

 

Como se puede concluir fácilmente un día de playa para mi, ¡es fatal!

 

¿Entonces porque extraño tal tortura? Sucede que la última vez que fui fue distinta,  accedí ir por el ruego de mis amigas y sus chantajes de mostrar sus nuevos mini bikinis, en realidad ellas son las que querían comprobar cuan flaco era y cuan blanco podía estar y echarse a la tarea de darme un poquito de color. Así fue como un martes por la mañana fuimos lo más lejos posible de la población en busca de paz, el nombre sugerido parecía perfecto: “el silencio”. Yo sabia de la existencia de esa playa y que por su popularidad creciente el único silencio que le quedo fue el nombre. Pero ahí estábamos, en una movilidad particular, extrañamente cómodos escuchando música y yo haciéndome el dormido para evitar comentarios, revisando mentalmente si tenia todo listo para evitar las fatalidades mencionadas anteriormente: llevo un periódico y un libro para distraerme, y para que nada distraiga la lectura unos cuantos CD de acid jazz, aparte de el par de lentes para el sol, los más oscuros que encontré, así como doscientos litros de bloqueador factor 50, una muda, polos, entre otros.

 

Llegamos y para curiosidad mía la playa estaba prácticamente vacía, la poca gente que había estaba dispersa y muy tranquila, no fue nada difícil encontrar un sitio limpio, cómodo  y solitario en la playa. Instalamos todo rápidamente, nos cambiamos igual de rápido y algunos fugaron al mar para el primer chapuzón de la mañana, yo me quede bajo la sombrilla bañándome en litros de crema bloqueadora mientras  observaba como me habían engañado mis amigas, pues sus bikinis de pequeño solo tenían la etiqueta. Resignado, seguí en la tarea de mi baño de lociones para el sol, aun extrañado por tan inusual panorama, pensaba en los problemas restantes, nunca aprendí a nadar y no lo haría a estas alturas, pero me gustaba mirar. Lastima que el ser humano haga cada vez más grande el hueco de la capa de ozono y cada vez sean más grandes mis insolaciones por este problema. Claro que mis silenciosas reflexiones dirigidas al sol no tendrán mayor efecto que una nostalgia. De pronto una extraña nube poco a poco se acerco al sol y cuando estuvo frente a él simplemente se detuvo, y ahí se quedo durante horas, ¡era un día fantástico!

 

No paso mucho tiempo para que me diera cuenta que todo lo que había previsto para pasar un día en la playa no lo estaba utilizando, no tenia que leer porque no era necesario apartarme del mundo en una lectura, los pocos vecinos, y ambulantes fueron cambiados por una vista hermosa, no era necesario escuchar música pues el sonido del mar junto con el sonido de la brisa hacían un concierto inolvidable, no era siquiera necesario usar tanto bloqueador ni las gafas más oscuras para el sol, porque este estaba extrañamente cubierto por una nube que parecían haberse puesto allí solo por mi, desde que me instale hasta que nos fuimos.

 

Cerca de las cinco de la tarde me sentí tan relajado que me dio flojera pararme y alistar nuestra partida, sugerí quedarnos para la puesta del sol y para suerte mía accedieron, y mientras se fueron en busca de algo que comer me quede sentado poco antes de la orilla, ahí donde el mar no llega pero la arena se mantiene húmeda y fresca, allí me quede sentado viendo como el sol disponía una retirada más. Oriana, no tienes idea de cuanto te extrañe y de que formas, ese día fue fantástico y no lo sabia aun, fue un día revelador, estaba apunto de ver el sunset en la playa, y fuiste tu quien me anuncio que seria maravilloso, y claro, justamente eso faltaba ahí, tú. Y ahora, en pleno invierno, ese día regresa a mi mente y me parece curioso ver en esa nostalgia una evolución inexplicable, porque fue esa nube que tapo el sol la misma nubecita que nos llevo juntos tantas noches a ver estrellas, fue esa paz que se me contagio para poder calmar un corazón en guerra, fue el concierto natural quien le puso música a la letras de tantas canciones y poemas que por ti he escrito, fue gracias al tiempo y ese instante que me di cuenta que ahí estaba yo, sentado cerca de la orilla y ahí estabas tu como una ola.

 

Cuando estaba sentado allí, me quede observando el mar, sus movimientos y como el viento formaba en el unas olas lindas, algunas chicas, algunas grandes, algunas feas otras deformes, y reflexione acerca del poder del viento, (me imagine a todos en la playa soplando en dirección al mar y formaban una ola desproporcionalmente descomunal) y en juego sople, sople y sople muy fuerte a ver si formaba una ola que al reventar llegara a mojar mis pies, segundos después una ola hermosa se formo, rompió suavemente  a medio camino y se deslizo por la orilla coquetamente hasta mojar ligeramente mis pies, luego se retiro y no volvió.

 

Yo, moría de risa por la coincidencia y empecé a llamar a la ola, pero por más que la llamaba, por más gesto y provocación la ola no llego a mojarme, se acercaba un poco y se alejaba, y cuanto más bonito la andaba tratando se empezó alejar mucho más, yo decepcionado de que nada de lo que hiciera lograría que esa ola me diera nuevamente frescura permanecí resignado y en silencio cerca de la orilla cuando se formo una ola inmensa y me cubrió. Luego se volvió a retirar y desde ahí se me hizo imprevisto si regresaría o no, era como un juego, yo soy lo suficientemente cobarde como para pararme e ir corriendo a entregarme al mar aunque en el fondo tengo el deseo inmenso de nadarlo todo y vivir en él cual delfín, mientras el mar juega a tentarme, mostrándome de a pocos su frescura pero en el fondo tiene tantas ganas como yo de arrastrarme y ahogarme en su inmensidad.

Ahora llego a pensar que ese día fue el reflejo futuro de nuestra relación, desde que te conocí me senté en la orilla de mi amor a ver como juegas a acercarte y alejarte, pues eres como una ola, tentadora, indomable, hermosa y cambiante.

  2Comments

  1. Miguel Angel Vásquez Rodríguez   •  

    Oye!!!!! Qué bonito, hay partes super buenas!!!! Muy natural, me gustó mucho, la parte final se puso muy romanticona, que me parece bien pero ya sabes que no soy muy fan, pero la primera parte y la mitad muy bien descritas ágiles y ligeras, buenas para leer, imagina y soñar!!! Un fuerte abrazo primo, estaba reeebonito!!!

  2. Patty del Carpio   •  

    Es una bella historia, sobre todo el final, discrepando con Miguelito, a mi si me gusta el romanticismo, fue un final muy muy bonito. Felicidaddes.

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